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Los choferes que pelean por la vida

Todo en la ciudad de Matanzas, como en cualquier otra ciudad del país, se adecua a las condiciones que impone la pandemia. Pocos carros circulan. Nos movemos en un van amarillo de la empresa Taxis Cuba. El chofer es un negro alto y fuerte, amable y conversador, que colabora desde hace meses con la Dirección Provincial de Salud. Traslada médicos, directivos, periodistas. Está  siempre en la zona caliente. La conversación, inicialmente cortés, avanza rápidamente hacia temas personales, y al cabo de dos o tres viajes empezamos a contarnos la vida. Suerte de viajeros. Porque las ciudades no son las piedras de sus edificios, sino la gente que la vive. La doctora que me acompaña como abre-caminos, por ejemplo, es originaria de Ciego de Ávila, aunque vive en Matanzas desde los seis años. Pero la razón de esta nota es el chofer, y la confirmación de una sospecha: cualquier cubano guarda una historia de vida sorprendente. Su nombre es Gilberto Friol Giralt, y tiene 60 años. Los conocedores, esbozarán enseguida una sonrisa. Pero yo no me contaba entre ellos. Voy a romper las reglas de una narración y dar el golpe en las primeras líneas: ese hombre que nos lleva y trae, es dos veces campeón panamericano (Caracas, 1983 e Indianapolis, 1987) y tres veces campeón centroamericano (La HabanaCienfuegos, 1982 y Santiago de los Caballeros – México, 1986) de remo, en la especialidad de cuatro sin timonel. No fue medallista olímpico porque –aunque clasificó para las Olimpiadas de Los Ángeles y de Seúl–, Cuba no asistió, en solidaridad con los entonces países socialistas y con el pueblo coreano

Todo en la ciudad de Matanzas, como en cualquier otra ciudad del país, se adecua a las condiciones que impone la pandemia. Pocos carros circulan. Nos movemos en un van amarillo de la empresa Taxis Cuba. El chofer es un negro alto y fuerte, amable y conversador, que colabora desde hace meses con la Dirección Provincial de Salud. Traslada médicos, directivos, periodistas. Está  siempre en la zona caliente. La conversación, inicialmente cortés, avanza rápidamente hacia temas personales, y al cabo de dos o tres viajes empezamos a contarnos la vida. Suerte de viajeros. Porque las ciudades no son las piedras de sus edificios, sino la gente que la vive. La doctora que me acompaña como abre-caminos, por ejemplo, es originaria de Ciego de Ávila, aunque vive en Matanzas desde los seis años. Pero la razón de esta nota es el chofer, y la confirmación de una sospecha: cualquier cubano guarda una historia de vida sorprendente. Su nombre es Gilberto Friol Giralt, y tiene 60 años. Los conocedores, esbozarán enseguida una sonrisa. Pero yo no me contaba entre ellos. Voy a romper las reglas de una narración y dar el golpe en las primeras líneas: ese hombre que nos lleva y trae, es dos veces campeón panamericano (Caracas, 1983 e Indianapolis, 1987) y tres veces campeón centroamericano (La HabanaCienfuegos, 1982 y Santiago de los Caballeros – México, 1986) de remo, en la especialidad de cuatro sin timonel. No fue medallista olímpico porque –aunque clasificó para las Olimpiadas de Los Ángeles y de Seúl–, Cuba no asistió, en solidaridad con los entonces países socialistas y con el pueblo coreano.

Su historia puede ser llevada al cine. Terminaba en 12mo grado en una escuela en el campo pinareña –nació y vivió hasta entonces en el Km. 6 de la carretera a Viñales–, cuando un día se aparecieron en el aula buscando jóvenes altos que se interesaran en ser remeros. Él nunca había visto un bote ni sabía nada de remos, pero la idea de eludir las tardes de trabajo agrícola lo entusiasmó. Su vida cambió. Matriculó la Licenciatura en Educación Física. Muy pronto llegaron las primeras medallas en eventos nacionales y lo incorporaron al equipo nacional, que radicaba en la calle 17 de Varadero. Él lo confiesa sonriente: entonces solo era un guajirito pinareño en la playa más hermosa del mundo. En Matanzas por supuesto se casó. Tuvo tres hijos (y ya tiene un nieto de Claudia, la mayor), de los que se siente muy orgulloso. ¡Yo mido 1: 93 y el niño mío mide 1: 95!, ¡con 15 años me saca dos centímetros! Jugaba pelota, su equipo fue campeón provincial en su categoría, pero lo que le gusta es estudiar, cogió la Vocacional y ha obtenido medallas de oro y de plata, no en eventos deportivos sino en concursos de matemáticas y de física. Le gusta leer, ¿y puedes creer que con 11 años se leyó completo el libro Cien horas con Fidel? La otra niña (17 años) se llama Penélope, es casi de mi tamaño, terminó en la Vocacional matancera con 98, 95 y quiere estudiar arquitectura, dice. Me enseña sus fotos. También la foto en la que aparece con el Comandante en jefe Fidel Castro, cuando regresaba de los Panamericanos y le explicaba cómo había transcurrido la regata de la que sacó la medalla de oro. Son recuerdos imborrables. No abandonará su taxi, pero pronto reiniciará, nos dijo, su labor como entrenador de remo. Nos despedimos por hoy, pero él no termina. Debe recoger a otros médicos para llevarlos a otros puntos de la ciudad. Es un soldado más, pasa desapercibido entre tantos soldados por la vida, pero caramba, ¡qué pueblo tenemos!

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Me traslado por un día hasta Cárdenas, la ciudad que se ha convertido en el epicentro provincial de la pandemia. Visito hospitales y policlínicos, descubro en ellos a viejos amigos de misiones anteriores: el doctor Eduardo, que estuvo durante la epidemia del ébola en Guinea Conakry; el doctor Silvio, compañero de brigada en Turín, Italia. Me comentan de otros, a los que hoy no pude ver. Volveré a Cárdenas, seguro. Pero por ahora solo haré un comentario, que complementa la nota anterior. Al regresar a la sede del Partido municipal, pasamos frente a la Dirección de Salud, y vi una larga fila de almendrones muy bien cuidados. Dimos la vuelta y averigüé. Sus dueños han expresado su disposición a servir de choferes en los consultorios del médico de la familia para el traslado de pacientes, incluso en zonas de difícil acceso, y Salud Pública los contratará con ese fin. “Estas personas que a partir de ahora serán remuneradas, habían trabajado previamente durante 45 días en la campaña de vacunación de forma gratuita”, me dice Elisabeth Arroyo López, directora municipal de la Unidad de Tráfico.

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