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Investigación en artes, humanidades y ciencias sociales para el nuevo Chile: ideas para ordenar la discusión

La tercera arista es la necesidad de abrir la investigación en nuestras áreas hacia un diálogo decidido con la sociedad. Esto implica un doble movimiento. El primero es transversalizar la investigación en artes y humanidades, para que integre Institutos del Estado que desarrollen investigación, con el propósito de aportar hacia miradas más integrales a los problemas que se aborden. A su vez, en la creación, ejecución e implementación de políticas públicas deberían estar presentes nuestras áreas. Tanto para su diseño integral, como también para levantar evidencia cualitativa desde las comunidades involucradas. El fortalecimiento o creación de espacios territorializados de arte y cultura serán muy importantes en este propósito. De hecho, existe una batería de propuestas que han emanado desde nuestras áreas para la pandemia, que todavía no han sido consideradas

Desde la Asociación de investigadores en artes y humanidades hemos considerado fundamental involucrarnos activamente en la promoción de nuestras ideas en el marco del proceso político actual. En particular, los diálogos con las candidaturas de la alianza Apruebo Dignidad han sido un espacio para la interlocución. A ello se suma la recepción de nuestras propuestas por parte del comando de Paula Narvaez. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Estas ideas están modeladas por las luchas que hemos desarrollado en los últimos años como organizaciones del conocimiento en general, y como asociación académica y disciplinar en particular. En ese contexto, la relación entre la democratización del conocimiento, la perspectiva de derechos y la profundización de la democracia, ha sido una cuestión central. A continuación proponemos distinguir tres niveles del asunto, con el propósito de ordenar la discusión que vendrá.

Condiciones materiales, laborales e investigación

El primero es la precarización material de la investigación, cuyas manifestaciones tienen un amplio rango que afecta de forma diferenciada a todas las disciplinas del conocimiento. Debemos sumar otra complejidad: la precariedad también afecta diferenciadamente según el lugar que se ocupa en la academia. Y reproduce sesgos y exclusiones de carácter patriarcal, centralizador, racista y clasista. Además, la naturaleza del sistema investigativo y académico chileno hace imposible abordar estos asuntos de forma centralizada, porque los espacios e instituciones involucradas son múltiples y tienen altos grados de autonomía.

En esta dimensión, es importante remarcar la diferencia con otras disciplinas del conocimiento, porque lamentablemente las jerarquías epistemológicas instaladas intensifican esta situación y producen mayores urgencias en nuestras áreas. Creemos que es necesario fortalecer la producción de los saberes que cultivamos. Pero también entendemos que esta es una pugna transversal.

Nivel conceptual y político

Para pensar la relación entre democratización del conocimiento, la perspectiva de derechos y la profundización de la democracia desde nuestras áreas, podemos distinguir entre tres posibles entradas conceptuales y políticas que, si bien confluyen de múltiples formas, tienen características y manifestaciones diferentes.

Una primera es la democratización de las formas de producción de conocimiento. Esto dice directa relación tanto con el mejoramiento de las condiciones materiales de quienes trabajamos en investigación y construcción de conocimiento, como también con la ampliación social del acceso a las técnicas y procesos que permiten producir conocimiento humanista, artístico y social. En este marco, las universidades tienen un rol central, siendo especialmente relevante el fortalecimiento de las universidades regionales.

Una segunda tiene que ver con la democratización epistemológica, que refiere a la superación de las jerarquías disciplinares entre las distintas formas de conocer la realidad, lo que también implica la aceptación de que todo conocimiento está situado históricamente, relativizando cualquier pretensión de pureza. Esta noción también supone la ampliación más allá de la academia del conocimiento reconocido como legítimo, cuestión crucial para grupos humanos que históricamente han sido excluidos de la institucionalidad formal del conocimiento.

Una tercera se enfoca en la relación entre las artes, las humanidades y las ciencias sociales con los desafíos democráticos y sociales contingentes. ¿De qué manera podemos aportar a visibilizar, enfrentar y buscar resolver conflictos o flagelos que aquejan profundamente a nuestra sociedad? Para empezar a responder esa pregunta más allá de las fantasías y los dogmatismos, es necesario abrir espacios concretos para la acción. Vemos con esperanza que esa posibilidad está más cercana de la mano de la discusión presidencial actual y del proceso constituyente.

Relación entre artes, humanidades y Estado

Esta es una cuestión con múltiples aristas, pero tres nos parecen centrales. La primera es la pregunta por el lugar de la investigación en artes y humanidades dentro del sistema de producción y transmisión de conocimiento. En este marco existe consenso sobre la necesidad de crear una institucionalidad más robusta, que nos otorgue mayor autonomía en las formas de evaluar y considerar nuestras áreas dentro del ecosistema más amplio de la investigación. Pero el carácter específico de tal institucionalidad, y las implicancias de tomar unos u otros caminos, están todavía en discusión. El diagnóstico compartido todavía debe traducirse en propuestas más claras y concretas.

Otro elemento es la relación entre educación e investigación en artes y humanidades. Es importante avanzar en la integración entre el sistema educativo formal y la producción de conocimiento asociada a nuestras áreas. Este es un proceso que no solamente tiene una razón práctica, como sería la promoción de actitudes, habilidades o valores que parecen tener una alta valoración en las democracias contemporáneas, como son la capacidad de argumentación, la autoconciencia, la reflexión crítica, la disposición al diálogo, o el respeto a los derechos humanos. También estamos convencidos que desde nuestras áreas es posible enriquecer la experiencia de vida de todas las personas, especialmente cuando el cultivo de estos saberes y prácticas se encuentra en relación íntima con las necesidades y particularidades de las comunidades educativas y sociales en que se desarrollan.

En concreto, el fortalecimiento y ampliación de instancias e instrumentos que han comenzado con esta tarea, parece importante. También la posibilidad de hacer transversal la formación en nuestras áreas para todas las carreras universitarias.

La tercera arista es la necesidad de abrir la investigación en nuestras áreas hacia un diálogo decidido con la sociedad. Esto implica un doble movimiento. El primero es transversalizar la investigación en artes y humanidades, para que integre Institutos del Estado que desarrollen investigación, con el propósito de aportar hacia miradas más integrales a los problemas que se aborden. A su vez, en la creación, ejecución e implementación de políticas públicas deberían estar presentes nuestras áreas. Tanto para su diseño integral, como también para levantar evidencia cualitativa desde las comunidades involucradas. El fortalecimiento o creación de espacios territorializados de arte y cultura serán muy importantes en este propósito. De hecho, existe una batería de propuestas que han emanado desde nuestras áreas para la pandemia, que todavía no han sido consideradas.

El segundo movimiento es despercudirse de las concepciones tecnocráticas y economicistas del desarrollo, la evidencia y la ciencia que hoy parecen dominantes en el Estado, para asumir que sin un diálogo eficaz y serio con la diversidad social y cultural, es imposible construir un proyecto de país democrático. Y en ese propósito, las artes y las humanidades pueden jugar un rol esencial.

*Enrique Riobó, Braulio Rojas, Carolina Gainza, Matías Ayala

 

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