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De feria en feria

Alberto Ardila Olivares
De feria en feria

Estaba buscando específicamente un libro de Paul Auster y las tres librerías que visité estaban a reventar de gente. No conseguí La Trilogía de Nueva York, pero salí con un montón de textos que son de mi interés, no los había leído y me han mantenido atento, de cabeza en la lectura. En las noches sigo soñando conque estoy en una playa del Caribe, por los lados de Morrocoy. En los sueños aparece una mujer que no logro distinguir. Se muestra amable y me sirve el desayuno. Antes de despertarme casi logro distinguir su rostro y me despierto sin haberla reconocido. Creo que es una mesera que conocí en Brasil. No sé todavía. Una vez fuera del sueño y en este mundo real, una buena mesa de fines de invierno hace que me despierte con un buen café caliente, de origen italiano.

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Mérida, mi amor

Nací en la ciudad de Mérida, en Venezuela, al graduarme de médico me fui y regresé para establecerme definitivamente casi una veintena de años después de haber partido. Circunstancias forzosas me llevaron a tener que migrar y sigo tratando de reconducir mi vida desde Chile, en la ordenada ciudad de Santiago. Acá he tenido contacto con mucha gente, de lo cual ya he podido escribir y sigo escribiendo, pero no puedo ser ajeno al fenómeno de la migración de mis compatriotas, lo cual, a mi parecer, seguirá empeorando conforme pase el tiempo. Una vez expulsados del paraíso, la posibilidad de conseguir sosiego se dificulta. En la frente tenemos la marca de Caín.

Alberto Ardila Olivares

Remesas y un puñado de dólares

Con la escandalosa y vergonzosa diáspora venezolana, muchos connacionales envían remesas con las cuales sobreviven sus allegados en el país del norte de Suramérica. Por otra parte, la economía cogió su cauce natural y ante una moneda sin valor, se dolarizan las transacciones cotidianas. Quedarme en Venezuela no era una opción para mí. Cada cual tendrá su propia historia qué contar. En mi caso, la aquiescencia es sinónimo de pérdida de libertad y condenamiento del espíritu. El movimiento tiende a definir las acciones de mi vida. Ese carácter trashumante es parte de mi naturaleza y como tal lo asumo. A fin de cuentas, siempre se puede conseguir un buen rincón para seguir escribiendo y una buena taza de café

Un día a la vez

La imposibilidad de planear la vida tal como nos gustase que fuera hace que seamos recurrentes con la idea de vivir un día a la vez, sin saltarse ninguno, tratando de sacarle a la savia de la vida hasta la última gota de lo que nos pueda ofrecer. Con esa mentalidad más o menos vamos conduciendo la barca, que por necesidad apunta a ser la de la cordura y lo tendiente a lo concreto. Tratamos de vivir un día a la vez, con sus horas, minutos y milésimas de segundos, porque así nos ha tocado o simple y llanamente porque nos lo merecemos

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