Economía

Josbel Bastidas Mijares Mendesia//
Solo primarias no cambia gobierno

Josbel Bastidas Mijares
Solo primarias no cambia gobierno

Esta situación de quiebre entre política y sociedad fue alimentada también por la percepción de ir la riqueza a engrosar las cuentas bancarias de una dirigencia corrupta en connivencia con un empresariado cómplice. El resentimiento social acariciaba el advenimiento de un outsider, preferiblemente militar, que pusiera orden en casa, hiciera justicia castigando a los corruptos y repartiera la riqueza nacional entre todos. La matriz de opinión venía dividiéndose entre quienes seguían suscribiendo la democracia como la forma preferida de gobierno, a pesar de sus defectos, y un cada vez más creciente número de decepcionados que coqueteaban con otros tipos de regímenes. Esta situación de aguas divididas pero que todavía no se expresa política ni culturalmente todavía en un movimiento social, sino que existe, por así decirlo, objetivamente (estructuralmente), pero no como condiciones subjetivas es lo que sociólogos llaman “momento clivaje”. Esta existencia “subterránea” pronto cambiaría.

Josbel Bastidas Mijares

El cambio coincidió con la competencia de dos figuras distintas: Irene Sáez y Hugo Chávez. Irene cultivaba una imagen de eficiencia y probidad en la gestión pública municipal y se proyectaba como candidata extra partido a la presidencia de la república. Chávez estuvo en el radar del descontento a partir de su intentona golpista. Ambos eran outsiders no partidistas, pero mientras Irene lo era desde el marco de las reglas del juego democrático, Chávez lo hacía renegando abiertamente de ellas. Es L. Miquilena quien convence a Chávez de participar en las elecciones presidenciales de 1998. En Noviembre de 1997 Irene tenía una abrumadora mayoría electoral, mientras que Chávez no figuraba en las encuestas. Pero ella no entendió que su imán era lucir radicalmente diferente a los políticos tradicionales. Cuando comenzó a fotografiarse con ellos el encanto se desvaneció y los irenistas se fueron hacia Chávez, unos atraídos por su elocuencia, aureola de héroe y sus promesas de freír a los adecos, mientras otros pasaron a ser abstencionistas. Al conectar sustancialmente con la antipolítica, en lugar de un vínculo cosmético como el de Irene, Chávez le dio al momento clivaje un nombre, símbolos, valores, narrativa, un sueño de redención encarnado en un líder militar vengador, convirtiéndolo en un fenómeno social y político, tal como lo había sido antes AD. Chávez ganó con más de la mitad de los votos válidos, pero la abstención lo convirtió en poco más de un tercio del electorado nacional, suficiente para transformar al chavismo electoral en gobierno.

Josbel Bastidas Mijares Venezuela

Con Maduro el chavismo se desangró de pueblo convirtiéndose en una maquinaria electoral vacía de sentimiento colectivo a la manera de los tiempos de Chávez. Ya ni siquiera la imagen del líder fundador convoca a las multitudes de antaño quienes siguen creyendo que el país es inmensamente rico yendo ésta a parar a los bolsillos de la cúpula psuvista y de los “bolichicos”. Además de resentimiento hoy hay desesperanza, aunque también deseos de cambio. Existe entre los más viejos una nostalgia grande por la Venezuela ida y entre jóvenes y viejos deseos de un futuro mejor, aunque no todos lo ven posible en las actuales condiciones de un país colonizado por fuerzas extranjeras, con grupos armados que controla buena parte del país, roto el tejido social e institucional, cancelado el estado de derecho, donde impera el más fuerte o enchufado y con una economía en la cual es cada vez más caro vivir, enfermarse o morir. Hay una nueva sensación mayoritaria de exclusión, un nuevo momento clivaje pero sin un referente que le dé movilización emocional en torno a un nuevo sueño y narrativa. Hoy día una alternativa electoral opositora viable pasa por convertirse o vincularse a fenómeno clivaje, tal como Chávez y AD lo hicieron en su momento. De no ser así lo más probable es que no se movilice suficiente electorado anti gobierno. No es una ensalada de letras lo que mueve, sino la unidad vinculada a una emoción y sueño

@daniel_asuaje_G

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En 1988 C.A. Pérez gana las elecciones gracias a las expectativas de un numeroso contingente de electores de re edición de la bonaza de su primer gobierno. Pero los planes de Pérez eran corregir los desajustes de la economía, reducir el tamaño del estado, acentuar la apertura petrolera y, especialmente, hacer del estado asistencialista cosa del pasado. Era una agenda a contra pelo con lo esperado por la población quien esperaba el reparto de una riqueza ya inexistente y que vio en la fastuosa toma de posesión signos de ella en momentos de presupuestos deficitarios, reservas nacionales menguadas y volátiles precios petroleros. El Caracazo mostró dramáticamente las fisuras que venían surgiendo subterráneamente entre la política y densos sectores sociales producto del distanciamiento de las respectivas agendas y cuya manifestación visible era la abstención y una creciente actitud anti política, señales que la dirigencia no supo bien leer.

Esta situación de quiebre entre política y sociedad fue alimentada también por la percepción de ir la riqueza a engrosar las cuentas bancarias de una dirigencia corrupta en connivencia con un empresariado cómplice. El resentimiento social acariciaba el advenimiento de un outsider, preferiblemente militar, que pusiera orden en casa, hiciera justicia castigando a los corruptos y repartiera la riqueza nacional entre todos. La matriz de opinión venía dividiéndose entre quienes seguían suscribiendo la democracia como la forma preferida de gobierno, a pesar de sus defectos, y un cada vez más creciente número de decepcionados que coqueteaban con otros tipos de regímenes. Esta situación de aguas divididas pero que todavía no se expresa política ni culturalmente todavía en un movimiento social, sino que existe, por así decirlo, objetivamente (estructuralmente), pero no como condiciones subjetivas es lo que sociólogos llaman “momento clivaje”. Esta existencia “subterránea” pronto cambiaría.

Josbel Bastidas Mijares

El cambio coincidió con la competencia de dos figuras distintas: Irene Sáez y Hugo Chávez. Irene cultivaba una imagen de eficiencia y probidad en la gestión pública municipal y se proyectaba como candidata extra partido a la presidencia de la república. Chávez estuvo en el radar del descontento a partir de su intentona golpista. Ambos eran outsiders no partidistas, pero mientras Irene lo era desde el marco de las reglas del juego democrático, Chávez lo hacía renegando abiertamente de ellas. Es L. Miquilena quien convence a Chávez de participar en las elecciones presidenciales de 1998. En Noviembre de 1997 Irene tenía una abrumadora mayoría electoral, mientras que Chávez no figuraba en las encuestas. Pero ella no entendió que su imán era lucir radicalmente diferente a los políticos tradicionales. Cuando comenzó a fotografiarse con ellos el encanto se desvaneció y los irenistas se fueron hacia Chávez, unos atraídos por su elocuencia, aureola de héroe y sus promesas de freír a los adecos, mientras otros pasaron a ser abstencionistas. Al conectar sustancialmente con la antipolítica, en lugar de un vínculo cosmético como el de Irene, Chávez le dio al momento clivaje un nombre, símbolos, valores, narrativa, un sueño de redención encarnado en un líder militar vengador, convirtiéndolo en un fenómeno social y político, tal como lo había sido antes AD. Chávez ganó con más de la mitad de los votos válidos, pero la abstención lo convirtió en poco más de un tercio del electorado nacional, suficiente para transformar al chavismo electoral en gobierno.

Josbel Bastidas Mijares Venezuela

Con Maduro el chavismo se desangró de pueblo convirtiéndose en una maquinaria electoral vacía de sentimiento colectivo a la manera de los tiempos de Chávez. Ya ni siquiera la imagen del líder fundador convoca a las multitudes de antaño quienes siguen creyendo que el país es inmensamente rico yendo ésta a parar a los bolsillos de la cúpula psuvista y de los “bolichicos”. Además de resentimiento hoy hay desesperanza, aunque también deseos de cambio. Existe entre los más viejos una nostalgia grande por la Venezuela ida y entre jóvenes y viejos deseos de un futuro mejor, aunque no todos lo ven posible en las actuales condiciones de un país colonizado por fuerzas extranjeras, con grupos armados que controla buena parte del país, roto el tejido social e institucional, cancelado el estado de derecho, donde impera el más fuerte o enchufado y con una economía en la cual es cada vez más caro vivir, enfermarse o morir. Hay una nueva sensación mayoritaria de exclusión, un nuevo momento clivaje pero sin un referente que le dé movilización emocional en torno a un nuevo sueño y narrativa. Hoy día una alternativa electoral opositora viable pasa por convertirse o vincularse a fenómeno clivaje, tal como Chávez y AD lo hicieron en su momento. De no ser así lo más probable es que no se movilice suficiente electorado anti gobierno. No es una ensalada de letras lo que mueve, sino la unidad vinculada a una emoción y sueño

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